Alfredo Zitarrosa: la voz que sigue convocando multitudes

Hay artistas que dejan canciones. Y hay otros que dejan un llamado.

Hoy, ese llamado vuelve a escucharse fuerte en Montevideo.

Porque a 90 años de su nacimiento, el nombre de Alfredo Zitarrosa no solo se recuerda: se vive. Esta noche, a las 19:30, la ciudad lo homenajea con un concierto abierto en la Plaza Fabini, en plena 18 de Julio, con más de 30 artistas interpretando su obra frente al público. Un encuentro colectivo, gratuito, donde distintas generaciones se unen para volver a poner su voz en el centro.

Pero para entender por qué sigue convocando gente, hay que volver al origen.

Zitarrosa no nació como mito. Nació como un hombre atravesado por su tiempo.

Llegó al mundo en 1936, en Montevideo, y creció entre dos realidades: la ciudad y el campo. Esa dualidad lo marcó para siempre. Mientras otros artistas construyen personajes, él construyó verdad. Lo que cantaba no era inventado: era observado, vivido, sentido.

Antes de la música, fue periodista, locutor, escritor. Ya tenía la palabra. Pero cuando apareció la guitarra, encontró algo más poderoso: una forma de decir sin intermediarios.

Y ahí empezó todo.

Su voz —grave, firme, sin concesiones— no buscaba gustar. Buscaba decir. Y en ese decir, se transformó en identidad. Las milongas dejaron de ser solo un género para convertirse en una forma de contar el país.

Zitarrosa no cantaba desde arriba. Cantaba desde adentro.

Por eso conectó.

Pero también pagó el precio.

En tiempos difíciles, eligió no callarse. Y eso lo llevó al exilio. Se fue de Uruguay, pero nunca se desconectó. Su obra siguió creciendo afuera, mientras adentro su ausencia se hacía cada vez más fuerte.

Cuando volvió en 1984, no fue solo un regreso artístico. Fue emocional. Fue político. Fue histórico.

Sin embargo, lejos del escenario, había otra historia.

Un hombre exigente, intenso, con una personalidad que no siempre era fácil. Su hija, Serrana Zitarrosa, ha contado que su padre no quería que ella se dedicara al canto. No por falta de talento, sino porque conocía el peso real de ese camino.

Ahí aparece el contraste.

El artista que le dio voz a todo un país, no necesariamente alentaba a los suyos a seguir ese mismo recorrido. Y eso lo vuelve más humano. Más real. Más cercano.

Zitarrosa murió en 1989, con apenas 52 años. Pero hay trayectorias que no se miden en tiempo, sino en impacto.

Y el suyo sigue creciendo.

Hoy, décadas después, más de 30 artistas se reúnen para interpretarlo. No para imitarlo. Para reencontrarse con lo que representa.

Porque su obra no envejeció.

Sigue diciendo cosas.

Sigue incomodando.

Sigue emocionando.

Y sobre todo, sigue demostrando algo que en el show business muchas veces se olvida:

No alcanza con tener talento.

Lo que realmente trasciende es tener algo verdadero para decir.

Pablo Pena | Show Business
Pablo Pena | Show Businesshttps://pablopena.com
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