Con más de tres décadas ligado al scouting y la producción de moda, Ángel Cairo analiza cómo cambió la industria fashion, el verdadero perfil de una modelo internacional y el desafío de mantener estándares profesionales en tiempos dominados por redes sociales e influencers.

— ¿Cómo comenzaste en el mundo del modelaje y el scouting?
Mi camino comenzó en los años noventa, trabajando junto a Valentino Bookings, una agencia que tuvo un rol muy importante dentro del modelaje en Uruguay. En esa época había una fuerte movida de concursos y scouting, especialmente en Punta del Este, donde se concentraban muchos eventos vinculados a la moda. Ahí fue donde empecé a desarrollar el ojo para detectar nuevos talentos.

— A lo largo de tu carrera descubriste modelos que luego tuvieron proyección internacional. ¿Qué buscás en una futura modelo?
No pasa solamente por la belleza. Hay algo más difícil de explicar, una mezcla entre actitud, presencia y determinadas características que hacen pensar que una persona puede funcionar dentro del mercado internacional. Muchas veces aparece esa intuición inmediata que te dice que ahí puede haber potencial real.

— Solés remarcar que la belleza para moda no es igual a la belleza común. ¿Por qué?
Porque la moda maneja estándares específicos. Una persona puede ser muy atractiva, pero eso no significa automáticamente que tenga perfil para alta moda o campañas internacionales. La industria busca proporciones, fotogenia, capacidad expresiva y presencia frente a cámara o en pasarela.
— Desde afuera suele verse como una profesión glamorosa. ¿Qué tan exigente es realmente?
Muchísimo más de lo que la gente imagina. El modelaje requiere disciplina, responsabilidad y preparación constante. No alcanza con verse bien. Hay que cuidar la imagen, saber trabajar frente a cámara, manejar la postura, caminar correctamente y tener una actitud profesional en todo momento.
— ¿Qué hace que una modelo destaque entre tantas otras?
El diferencial suele estar en la personalidad y en cómo transmite. La manera de caminar, de mirar, de proyectarse sobre la pasarela o incluso pequeños gestos pueden marcar la diferencia. Ese “encanto” particular termina siendo clave para sobresalir.
— ¿Los estándares físicos siguen siendo tan estrictos como antes?
En el mundo de la alta moda sí. Aunque la industria evolucionó en muchos aspectos, los mercados internacionales continúan manejando parámetros bastante similares, sobre todo para pasarela. Las agencias europeas y norteamericanas siguen buscando ciertos perfiles específicos.
— Además de scouter, también trabajás como booker. ¿Qué implica ese rol?
El booker acompaña la carrera de la modelo. Organiza castings, contratos, agenda laboral y orienta profesionalmente. Muchas veces también existe un vínculo cercano con las familias, porque varias chicas comienzan siendo menores de edad y necesitan acompañamiento desde sus primeros pasos.
— ¿Cómo afectaron las redes sociales y la inteligencia artificial al negocio de la moda?
Cambió completamente la dinámica. Antes gran parte del trabajo giraba alrededor de agencias y desfiles. Hoy muchas marcas trabajan directamente con influencers o creadores de contenido. Además aparecieron herramientas digitales y modelos generados por inteligencia artificial que transformaron el mercado.
— ¿Sentís que la moda uruguaya perdió parte de aquella esencia de los años noventa?
Era una época distinta, con más eventos y otra cultura alrededor del fashion. Uruguay siempre fue un mercado pequeño, pero tenía mucho movimiento social vinculado a la moda. De todas maneras, sigo creyendo que hay talento y potencial para crecer.
— Después de tantos años, ¿qué te sigue motivando?
La pasión por descubrir talentos y seguir vinculado a este mundo. La industria cambia constantemente, pero todavía disfruto ese momento en el que uno detecta potencial en alguien y comienza a imaginar hasta dónde puede llegar.
